De nuevo México asiste a las olimpiadas sin pena ni gloria, los chinos disciplinados, hasta el suicidio, están dando resultados sorprendentes; en cambio nosotros nos estamos convirtiendo cada día más en los amos y señores del melodrama y las justificaciones. Las televisoras viajaron con sus guionistas y de cada derrota han hecho una historia de vida, no nos cansamos en convertir nuestra incapacidad en historia narrable. Es entendible, pues las televisoras no iban a quedarse cruzadas de brazos mientras el rainting se va a los suelos y por ello, nos están machacando lo difícil que es triunfar contra corriente. En fin, esperemos que toda esa burocracia deportiva que anda de vacaciones por allá regrese desestresada a seguir quedándose con los recursos del deporte y a dar sus justificaciones cínicas, como aquella de que lo importante es competir, no ganar. Que se lo digan a los chinos.
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