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El ladrón que se atrevió a robar a Echeverría




Escrito por:
Conrad
9 Oct 2007


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Reviven a los delincuentes viejos. El Carrizos

El ladrón que se atrevió a robar a Echeverría

 

El documental Los ladrones viejos de Everardo González se presenta en Francia donde premian el trabajo de quien redescubrió a delincuentes.    

 

 

 

 

 

 Dónde están los ladrones viejos? ¿Están libres, prófugos, tras las rejas de la cárcel? ¿Y qué es artegio?

 

Los ladrones viejos se presenta en Biarritz, Francia, donde premian con mención el trabajo de quien los redescubrió; se presenta en Morelia, Michoacán, donde compite con otras desgarradoras historias; y en la salas de cine de la Ciudad de México hasta febrero próximo… en una carpa ambulante que imita las casas nómadas de los habitantes del Sahara presentando documentales que cuentan historias de todo el mundo, anunció la directora de presentaciones del Gobierno del Distrito Federal al dar por clausurado el DOC’s DF, el segundo festival internacional de documentales en el Distrito Federal, en el que Los ladrones viejos y sus descubridores ganaron el premio Julio Pliego por el mejor documental mexicano de este año.

 

***

 

Everardo González camina con su cámara al hombro por las calles desiertas y oscuras de la ciudad. No está solo, a sus lados, enfrente y atrás de su propio paso, se escuchan los pasos de Los Onces, los fotógrafos que cubren la nota roja de la ciudad, “esa que tiene más fama de tragedias y violencia que lo real”, dice una voz sin sombra mientras marchan tristeándo hacia el Monumento a la Revolución, porque no pasa nada. Ahí se reúnen a esperar las malas “buenas” noticias que el encargado de darlas, El Roca, suministra a sus jefes. Esta noche no ha llamado para avisarles que en el callejón del retiro se encontró el cadáver del secuestrado, que un avión se estrelló en una casa, que un borracho al volante ha atropellado a La Llorona…

 

La luz comienza a acariciar los restos de la noche. Everardo cierra los ojos. El sol que se asoma lentamente tras los lomos del monumento lo lleva a ver en la oscuridad de sus párpados lo que veía El Carrizo en aquel amanecer en que se introduciría a robar, sin saberlo, en la casa del presidente Luis Echeverría…

 

***

 

“En la casa de los espantos se refugiaban de los policías, se repartían el botín, también en La Corte de los Milagros, la escuela de los ladrones, de los falsos ciegos y mendigos”, se dice Everardo González explicándose la génesis de su proyecto. Abre los ojos y se despide de Los Onces que se subirán a la ambulancia “a recoger las carnitas, como se le dice a un cabrón degollado, que tampoco tendrá cabeza en ningún p… diario, nadie la comprará, ni como cabeza degollada…”, gritan deseándole suerte “los que vivimos tomando cadáveres”.

 

Y vuelve aquél amanecer en el que El Carrizo, El Drácula, El Elotes entrenzan sus destinos sin saber que aquello era el inicio de un subir y bajar por las artimañas de la traición.

 

“Un día domingo, salimos a trabajar, nosotros le llamamos trabajo al robo, verdad, siempre salíamos temprano y ese día tomamos por el Periférico hacia San Jerónimo, y me salgo por la lateral, entonces vi una casa que estaba custodiada, había gente de civil y había soldados, dos soldados caminando de la esquina a la esquina y daban la vuelta y marchaban y marchaban… y el compañero se saltó hacia el otro lado y abrió la puerta, no tenía llave…”, es un Efraín Alcaraz Montes de Oca, de casi 70 años, quien le platica a Everardo frente a cámara lo que sucedió en aquella mañana…, en la pantalla observamos ahora al joven Carrizo respondiendo a las cámaras de la televisión de los años setentas, con una voz tranquila, segura y digna, que no es ratero, como lo llama el reportero del canal, sino ladrón.

 

El archivo seguía abierto, presentándole a Everardo un mundo que tenía que ver “con la resolución de casos, los perfiles y el bestiario de criminales que se llamó los artegios, que tiene que ver con los oficios del ladrón, los diferentes modos de operar del crimen hasta la llegada de Arturo Durazo. Hasta entonces era un crimen que dependía más del arte de robo que de los actos violentos y el derramamiento de sangre, y empecé a investigar cuáles eran los artegios, cómo se les tipificaba, y comencé a rascar, conseguí los fondos, honestamente a base de puro engaño también, diciendo que yo tenía la historia resuelta, pero no era verdad, ¿vivían los ladrones?, ¿estaban presos, libres, y…, estarían dispuestos a ser entrevistados cuando estaban intrínsecamente involucrados con los servicios secretos de inteligencia de México?

 

El rompecabezas estaba a la mitad

 

“Encontré la historia de un ladrón en una hemeroteca que había robado la casa de Luis Echeverría siendo Echeverría presidente en 1972, y me di a la tarea de buscarlo, no sabía si vivía, si estaba en México, si estaba muerto, pero yo tenía ya el dinero en el banco y tenía que hacer la película. ¡No podía estar muerto, no lo podía decir! y comencé a entender cómo trabaja el servicio secreto, encubierto, y con la Canción del Pulque, mi penúltima película, me introdujeron a la fraternidad de agentes del servicio secreto, que es un club de rotarios de policías torturadores que los sábados se ponen a recordar sus torturas, y comencé a buscar al ladrón El Carrizos…

 

Everardo González vuelve al monumento y busca a los jefes de Los Onces, tres editores de la fuente roja deciden publicar una nota que decía “Se buscan ladrones viejos para una película que hable de artegios”, y una lista…, El Fantomas, El Mano Negra, El Carrizo… Días después suena su celular, es la mujer de un interesante personaje que se le abre, enterito, a Everardo para contar su historia…, y la voz, y el rostro de quien está en la cárcel por una traición por alguien que como él, recibía parte del botín, pero no estaba en el bando de los ladrones libres, sino de los ladrones en el poder judicial en México, en un alto puesto, gracias a que El Carrizo, descubierto en su robo al presidente Echeverría porque los agentes secretos sabían que él era quien utilizaba siempre las fundas de los cojines para llevarse el motín, aceptó la petición de El Drácula y se hizo ser capturado por él para devolverle al Presidente y su mujer las joyas y las siete chamarras de cuero que le quedaron a la perfección, “me las probé frente al espejo, tenía un vestidor dentro de su casa…”

 

***

 

Everardo los sacará de detrás de las rejas para inmortalizar su vida en una película que apenas acabada de nacer este verano, ya gana premios, distinciones y menciones donde se presenta, donde El Carrizo y la no inmaculada justicia encajan su mirada diáfana en la balanza interna del espectador. Y digo diáfana, porque en ella está todo claro, lleno de impurezas, sí, pero empapada de una ética, en la que el que roba, “roba sin violencia a los que tienen una baguete, un pedacito de pastel, no roba a los que no tienen, y ahí radica la diferencia…”

   

  Eva Bodenstedt

Crónica tomada del periódico Milenio.

   



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