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Observaciones elementales sobre la discusión del aborto




Escrito por:
Fabricio
15 Mar 2007


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Ahora que los fundamentalistas sacuden de nuevo sus sotanas, y lozanos e hipócritas salen a defender sus prejuicios como si de ideas se trataran, encontré este texto del escritor Hugo Hiriart que apareció en La Jornada Semanal, el 3 de septiembre del año 2000. En él refuta  con claridad  las tesis  -sí es que así se les puede llamar- en contra del aborto, de nuestros más preciados conservadores, siempre dispuestos a dar la batalla cuando se trata de cobijar su ignorancia.
 

 

Observaciones elementales sobre la discusión del aborto
 

Hugo Hiriart
 

 
“El maestro Schopenhauer establece entre sus preceptos de bien vivir el siguiente: “No combatas la opinión de nadie; piensa que si se quiere disuadir a todas las personas de los absurdos en que creen no se habría acabado aun cuando se llegase a la edad de Matusalén. Abstengámonos también de cualquier observación crítica, aun cuando se haga con la mejor intención, porque herir a las personas es fácil, corregirlas, difícil, si no imposible. Cuando los absurdos de la conversación que estamos en el caso de escuchar comienzan a irritarnos, debemos imaginar que asistimos a una escena de comedia entre dos locos. Probatum est el hombre nacido para instruir al mundo sobre los asuntos más importantes y más serios, puede decirse afortunado cuando sale sano y salvo.”
 

Creo y suelo seguir el sabio consejo del maestro, pero esta vez voy desoírlo para dirigirme a los fundamentalistas que combaten el aborto. No quiero convencerlos de nada, por supuesto, sólo articular unas observaciones lógicas para dar en qué pensar, en el caso, improbable, que quieran no sólo emocionarse y vociferar prohibiciones, sino pensar un poco en lo que sostienen.
 

1. Obligación de matizar. No sólo el aborto, sino muchas cosas “atentan contra la vida”. Arrancar del suelo una lechuga orejona es también atentado, y no digamos comer, un pollo o una vaca. Pero de seguro expresiones como “pro vida” no se refieren a la vida en general, sino sólo a una parte de lo viviente. Es decir, a la vida humana.
 

Por lo tanto, decir “pro vida” a secas, sin matizar, recortando el adjetivo, es contradictorio y engañoso: atentados contra la vida (en general), comer ensaladas, huevos o carne roja, no sólo están permitidos, sino son necesarios a la propia.
 

¿Y por qué entonces no se dice “pro vida humana”? Bueno, porque no sólo no es lucidor ni emocionante, sino es obvio y atontado, dado que nadie, absolutamente nadie, está o puede estar en contra de “la vida humana”. Ese rival no existe. Toda discusión empieza en qué ha de entenderse por “vida humana” y cómo ésta ha de defenderse.
 

Dado que esto es paladino y obvio, no queda sino estimar que la confusión implícita en el uso acortado de “pro vida”, y todo el parloteo consecuente de “defender la vida”, son deliberados y con fines de manipulación demagógica. Porque, claro, a la gente se le llena la boca hablando de “vida”, más si es emotiva y de cortos alcances, aunque, como hemos visto, esta manera de parlar sea tan débil e inestable que se viene abajo al primer examen.
 

2. Personas. El punto no es entonces si el embrión recién concebido está vivo, dado que una lechuga orejona o un tumor maligno también están vivos y nadie los defiende, sino si ese embrión es persona humana o no. Los fundamentalistas creen que sí es, desde la concepción. Pero es obvio que están equivocados y no es persona. La prueba es muy sencilla y contundente y dice así: 1) del embrión recién concebido no se sabe si a) es una, dos o más personas, b) si es macho o hembra. 2) No puede haber una persona humana de la que se ignoren a) y b), esto es, si de algo se ignora el número y el género, ese algo no puede ser persona. 3) Luego entonces ese embrión no es persona humana. Tenemos que estar de acuerdo en esto.
 

3. Status de lo potencial. Se dirá que el embrión ese no es persona, pero que lo será, que es persona humana en potencia. Claro, pero eso cambia por completo la cuestión y la hace, y en extremo, discutible, metafísica. Examinemos un poco si tiene ese ser en potencia 1) la misma realidad, 2) el mismo valor, 3) los mismos derechos que lo que está en acto.
 

Es obvio que 1) no tienen la misma realidad: un huevo de gallina no cacarea, tampoco tiene 2) el mismo valor: un cuadro en potencia de Vicente Rojo, no pintado todavía, no puede extraviarse o alcanzar precio en el mercado, 3) es horrible echar una gallina viva en una olla de agua hirviendo, pero no cocer un huevo; Carlos, que es rey potencial de Inglaterra, no tiene ahora derechos de rey.
 

Por lo tanto, hay espacio para estimar que quien elimina un embrión, que no es persona, más que en potencia, dado que ésta no tiene realidad plena, valor o derechos, no comete ningún crimen. Obsérvese con cuánto cuidado y rendimiento formulé la declaración: “hay espacio para estimar…” Por que soy tolerante con quienes piensan diferente que yo en esta discutible cuestión metafísica. No quiero imponérsela a nadie. Podemos dialogar, y estar o no de acuerdo, pero me parece bárbaro que de argumentos metafísicos, disfrazados con vocerío emotivo, manipulador, se intenten extraer consecuencias penales, esto es, que se imponga una tesis metafísica en extremo discutible, falsa de plano, para mí y para muchos, a toda la sociedad.
 

Además, la tesis fundamentalista de la realidad de la potencia puede tener extrañas, ingobernables y catastróficas consecuencias…”



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Publicado en la(s) seccion(es): LiteraturaPolíticaSalud

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