Del libro Post mortem de Albert Caraco editado en México por sexto piso.
“Señora Madre ha muerto, hacía bastante la había olvidado, su final la restituye a mi memoria, aunque sea por unas horas, meditemos sobre esto, antes de que recaiga en el olvido. Me pregunto si la amo y he de responder: No, le reprocho el haberme castrado, realmente muy poca cosa, pero en fin… Me heredó su temperamento y esto es más grave, pues sufría de alcalosis y de alergias, yo las padezco aún más que ella y son incontables mis dolencias y además… además me echó al mundo y yo profeso el odio al mundo.”
“Los seres nobles rara vez aman la vida, prefieren las razones para vivir que a ésta, y aquellos que se conforman con la vida son siempre abyectos. ¿Qué tiene la vida de deseable, cuando no es sublime? Los placeres del cuerpo, no sin extrañeza vemos a los más feos y malsanos saborearlos con una rabia acrecentada y precipitarse en ellos con un furor que ni el abuso agota, las naciones vencidas son prolijas en villanos de la especie insaciable, esas bestias se resarcirán de noche por las servidumbres que el día les impone. ¡Señor!, ¡líbranos de parecernos a las larvas!”
“El hombre puede vivir sin la mujer, la mujer no, la mujer cuelga del hombre y el hombre se imagina erróneamente que la persigue, cuando es ella quien lo llama. Los conventos de hombres valen infinitamente más que los conventos de mujeres, los hombres no necesitan del amor, la carne no los atormenta con la misma fuerza, el hombre no sufre de ser hombre, sino por falta de dinero o poder, la mujer sufre de ser mujer y también de no ser amada. Las bellas apariencias, las risas, los juegos, las bagatelas y las gracias, espuma del mar profundo negro en el que ya no nos pertenecemos, sino que pertenecemos a la especie.”
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